Escuela cuzqueña; siglo XVII.
“La Virgen de la luz”.
Óleo sobre lienzo. Reentelado del siglo XVIII.
Presenta faltas y restauraciones.
Posee marco del siglo XIX.
Medidas: 189 x 110 cm; 207 x 127 cm (marco).
En esta representación de La Virgen de la Luz, la pintura cuzqueña del siglo XVII despliega toda su capacidad para fundir el dramatismo barroco europeo con la sensibilidad devocional andina. La escena se organiza en torno a la figura central de María, erguida y majestuosa, envuelta en un manto ricamente ornamentado con dorados minuciosos que evocan el brillo de los textiles suntuarios virreinales. Su silueta se recorta sobre una atmósfera celestial poblada de ángeles y querubines, en una composición ascensional que conduce la mirada desde el ámbito terrenal hasta la gloria divina.
La Virgen sostiene al Niño, quien porta en sus manos el símbolo del orbe y del amor redentor, mientras dos ángeles elevan sobre su cabeza una corona imperial, afirmando su condición de Reina del Cielo. A su alrededor, cabezas aladas y estrellas forman una aureola radiante que refuerza la dimensión luminosa de la escena. En la parte inferior, dos figuras humanas ,rescatadas o asistidas, introducen el elemento narrativo: María no solo reina, sino que interviene activamente en la salvación de los fieles, actuando como mediadora y protectora.
Uno de los rasgos más singulares de la Escuela Cuzqueña se manifiesta aquí con claridad: el tratamiento ornamental de las vestiduras, donde el dorado aplicado con profusión no solo embellece, sino que espiritualiza la materia. La perspectiva se subordina a la jerarquía simbólica; el espacio no busca profundidad naturalista, sino intensidad devocional. El color, vibrante y contrastado, y la expresión serena de los rostros revelan una estética que privilegia la claridad del mensaje y la fuerza emocional.
En el contexto del Virreinato del Perú, estas imágenes cumplían una función catequética y afectiva, destinadas a fortalecer la fe en comunidades diversas. Sin embargo, lejos de limitarse a reproducir modelos europeos, los pintores cuzqueños dotaron a sus obras de un carácter propio, reconocible en la frontalidad solemne, el gusto por el detalle decorativo y la atmósfera casi visionaria que envuelve la escena.
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