FRANCISCO ZORRILLA Y LUNA (Haro, 1679-1747).
“San Silvestre bautizando al emperador Constantino”.
Óleo sobre lienzo. Reentelado.
Presenta inscripción.
Medidas: 38,5 x 99,5 cm; 53,5 x 115 cm (marco).
El lienzo representa el episodio legendario del bautismo del emperador Constantino por el papa san Silvestre I, asunto de gran trascendencia simbólica para la Iglesia, pues alude a la conversión del poder imperial al cristianismo y a la legitimación espiritual del Imperio romano. La escena se articula como un complejo aparato ceremonial: en el lado derecho, el pontífice, revestido con ricos ornamentos litúrgicos y rodeado de cardenales y dignatarios, administra el sacramento al emperador arrodillado; a la izquierda, un cortejo militar y cortesano, con caballos enjaezados y estandartes, subraya la dimensión política del acontecimiento. El despliegue arquitectónico clásico, abierto al paisaje, funciona como marco escenográfico que realza el carácter solemne y público del acto. Desde el punto de vista estilístico, la obra responde a los presupuestos del tardobarroco madrileño: composición en friso con marcada profundidad espacial, contrastes lumínicos que dirigen la atención hacia el foco sacramental y un gusto por la narración detallada. La pincelada, suelta y vibrante en los fondos, se vuelve más precisa en las figuras principales, acentuando la jerarquía visual. El cromatismo, dominado por rojos intensos, dorados y blancos brillantes, remite al lenguaje decorativo heredado de Giordano y a la tradición cortesana de fines del siglo XVII. Desde 1886 se tiene conocimiento de esta pintura al haberse incluido por Vicente Poleró en su Tratado de la Pintura en general, donde consta como ZORRILLA (Francisco), ft.: "La anterior firma ha sido copiada de un cuadro que representa á San Silvestre.
Francisco Zorrilla y Luna, pintor nacido en Haro (La Rioja) y activo principalmente en Madrid en las primeras décadas del siglo XVIII, se formó en el ambiente artístico de la capital en el tránsito de la dinastía de los Austrias a los Borbones, Zorrilla desarrolló su carrera bajo la influencia decisiva de Luca Giordano, cuya impronta dejó una huella duradera en la pintura madrileña por su dinamismo compositivo, su cromatismo cálido y su teatralidad escenográfica.
La trayectoria de Zorrilla y Luna confirma su inserción en los círculos artísticos madrileños. Establecido en la capital antes de 1700, mantuvo una academia de dibujo en su propia casa, frecuentada por artistas como Francisco Antonio Meléndez, en un contexto previo a la fundación de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
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