Escuela europea, siglo XX.
"Perro".
Óleo sobre lienzo.
Firmado en el ángulo inferior izquierdo. Firma ilegible.
Medidas: 65 x 35 cm., 72 x 43 cm. (marco).
La obra representa la cabeza de un perro en primer plano, colocada frontalmente y ocupando casi toda la superficie del lienzo. El animal no aparece descrito de manera naturalista, sino construido a través de pinceladas gruesas, visibles y gestuales, que dan forma al rostro y al pelaje. Los colores predominantes —rojos, ocres, blancos y negros— se superponen sin un dibujo preciso, lo que refuerza el carácter expresivo de la imagen. La mirada del perro, oscura y ligeramente caída, concentra la carga emocional y transmite una sensación de calma melancólica y cercanía.
La obra puede situarse en un contexto de pintura contemporánea, vinculada al expresionismo o al neoexpresionismo del siglo XX. En este periodo, muchos artistas recuperan la figuración, pero alejándose del realismo para explorar la subjetividad y la emoción. El animal deja de ser un simple motivo decorativo y se convierte en un medio para expresar estados anímicos y establecer una relación empática con el espectador.
Históricamente, este tipo de pintura se relaciona con la evolución del arte tras las vanguardias, cuando la expresión personal y la intensidad emocional pasan a ser más importantes que la representación fiel de la realidad. La obra, en conjunto, funciona como un retrato psicológico, donde el perro actúa casi como un reflejo de sentimientos humanos como la soledad, la serenidad o la introspección.
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