Escuela española del siglo XX.
"Virgen con niño".
Óleo sobre tabla.
Presenta deterioro y pérdidas de policromía. Necesita restauración.
Medidas: 50 x 26 cm., 57 x 36 cm. (marco).
La pintura presenta una Virgen con el Niño acompañada por dos figuras femeninas arrodilladas, dispuestas de manera simétrica y jerárquica. La composición, el formato de tabla con remate semicircular y el fondo dorado remiten de forma clara a los modelos medievales y del primer Renacimiento, especialmente a la pintura devocional italiana y flamenca. La Virgen ocupa el eje central y se representa de mayor tamaño, subrayando su importancia, mientras sostiene al Niño, que porta una fruta de fuerte carga simbólica relacionada con el pecado original y la redención.
Desde el punto de vista formal, la obra se caracteriza por una frontalidad marcada, ausencia de profundidad real y un espacio intencionadamente plano. Los rostros son serenos, idealizados, y los gestos contenidos, reforzando el carácter atemporal y sagrado de la escena. El uso del dorado y los halos no responde ya a una necesidad litúrgica medieval, sino a una elección estética y simbólica deliberada, propia de un artista del siglo XX que mira al pasado como fuente de inspiración.
Históricamente, esta obra se inscribe en una tendencia muy presente en el siglo XX: la relectura de la tradición. Frente a la abstracción y las vanguardias, muchos artistas optaron por recuperar lenguajes figurativos antiguos para dotar a su obra de espiritualidad, orden y claridad simbólica. Movimientos como el retorno al orden, el neomedievalismo o ciertas corrientes de arte sacro moderno buscaron renovar el arte religioso sin romper con sus iconografías clásicas.
En este contexto, la pintura no pretende engañar al espectador haciéndose pasar por una obra antigua, sino establecer un diálogo consciente con la historia del arte. La Virgen y las figuras acompañantes funcionan como arquetipos, no como personajes concretos, y la escena se presenta como un espacio fuera del tiempo, válido tanto para la devoción contemporánea como para la contemplación estética.
En conjunto, la obra refleja cómo, en el siglo XX, la tradición pudo convertirse en un lenguaje moderno. Al recuperar modelos medievales y renacentistas, el artista reivindica la vigencia del arte sacro y demuestra que la espiritualidad y la figuración siguen siendo posibles en un mundo marcado por la ruptura y la experimentación.
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