JANKEL ADLER (Tuszyn, Polonia, 1895- Aldbourne, Reino Unido, 1949).
“Interior con figuras”.
Óleo sobre lienzo (arpillera).
Firmado en la parte inferior derecha.
Medidas: 90 x 69 cm.
Óleo de Jankel Adler, figura clave de la vanguardia centroeuropea de entreguerras, en el que se sintetiza de manera especialmente elocuente su interpretación personal del cubismo, alejada del rigor analítico ortodoxo y cargada de una profunda dimensión humana y expresiva.
En esta Composición cubista, Adler articula un interior poblado por figuras y objetos dispuestos en planos superpuestos, casi escenográficos, donde el retrato y el bodegón se funden en una escena de atmósfera enigmática y suspendida. Las formas aparecen fragmentadas y reconstruidas con libertad, manteniendo siempre una clara referencia figurativa, rasgo característico de su lenguaje maduro.
La paleta de ocres, rojos apagados, negros y grises terrosos, junto con el uso deliberado de un soporte de arpillera, confiere a la obra una fuerte materialidad, subrayando el interés de Adler por la pintura entendida como superficie viva y táctil. Esta elección refuerza el carácter introspectivo de la escena y conecta con su constante experimentación técnica y formal.
La obra se inscribe plenamente en la etapa de madurez del artista, cuando su cubismo se encuentra atravesado por una carga emocional y melancólica, reflejo de la fractura histórica y vital que marcó a su generación. Lejos de un ejercicio puramente formal, el lenguaje de Adler combina modernidad plástica y resonancia psicológica, convirtiéndolo en una de las voces más singulares del arte europeo del siglo XX.
Pintor y grabador judío-polaco, Adler desarrolló su carrera entre Polonia, Alemania, Francia y el Reino Unido. Vinculado al grupo Junges Rheinland, mantuvo relación con figuras como Paul Klee, decisiva en su evolución artística. Alcanzó reconocimiento internacional en los años veinte, obteniendo, entre otros logros, la medalla de oro en la exposición “Arte alemán en Düsseldorf” (1928).
Perseguido por el régimen nazi, su obra fue calificada como “arte degenerado”: varias de sus pinturas fueron confiscadas y expuestas en la célebre muestra Entartete Kunst de Múnich en 1937. Exiliado primero en París y más tarde en el Reino Unido, su producción quedó marcada por la experiencia del exilio y la tragedia del Holocausto.
Actualmente, la obra de Jankel Adler se encuentra representada en importantes colecciones y museos internacionales, como el Tate (Londres), el Städel Museum (Fráncfort), el Museum Kunstpalast (Düsseldorf) o el Israel Museum (Jerusalén), consolidando su posición como uno de los artistas más relevantes y personales de la vanguardia moderna europea.
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