CESAR PEDRO PATERNOSTO (Argentina, 1931).
Sin título, 1980.
Técnica mixta sobre lienzo.
Firmado y fechado al dorso.
Medidas: 81 x 81 cm.
Esta obra de César Pedro Paternosto, realizada en 1980, ejemplifica con claridad el eje central de su producción artística: la búsqueda de una “geometría sensible” que trasciende la rigidez y austeridad del Arte Concreto para abrir un diálogo profundo con la historia, la materialidad y la percepción visual. Con una paleta restringida pero luminosa, Paternosto enfatiza la tensión entre claridad y profundidad, estructura y fluidez, otorgando a la superficie pictórica una dimensión vibrante y meditativa.
La obra se inscribe en un momento crucial de la trayectoria del artista argentino, quien desde finales de los años sesenta había revolucionado la noción tradicional del cuadro al explorar las posibilidades expresivas del canto del lienzo, transformando la pintura en objeto y modificando la relación entre la obra y el espectador. Este período se complementa con su estudio y fascinación por la semántica geométrica de las culturas precolombinas, un interés que desde 1977 enriqueció y profundizó su producción, posicionándolo como un puente entre las tradiciones ancestrales latinoamericanas y el arte abstracto contemporáneo.
César Paternosto es una de las figuras fundamentales de la abstracción latinoamericana, cuya obra se inscribe desde sus inicios en la tradición vanguardista del continente. Practicó desde muy temprano una abstracción de raíz expresionista que evolucionó rápidamente hacia la geometría, vinculándose a las experiencias del Arte Concreto y a los postulados de movimientos como Madí, en diálogo con referentes esenciales como Joaquín Torres-García. En este proceso desarrolló lo que puede definirse como una “geometría sensible”, en la que la delicadeza cromática y la sutil irregularidad de las líneas atenúan la frialdad normativa de la abstracción geométrica.
Nacido en La Plata, Argentina, en 1931, Paternosto se formó desde joven en dibujo y pintura y se graduó en Derecho antes de dedicarse plenamente al arte. En 1967 se instaló en Nueva York, ciudad desde la cual consolidó una proyección internacional que le valió importantes reconocimientos, entre ellos becas de las fundaciones Guggenheim, Gottlieb, Rockefeller y Pollock-Krasner. Ha expuesto en destacadas galerías internacionales y su obra forma parte de las colecciones de museos como el MoMA, el Guggenheim, el Hirshhorn, el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires, el Museo Reina Sofía y el Museo Thyssen-Bornemisza. Críticos de referencia como Alfred Barr, Lucy Lippard o Damián Bayón han escrito sobre su trabajo. Además de su práctica artística, ha desarrollado una relevante labor teórica y curatorial, plasmada en publicaciones como Piedra abstracta (1989) y en exposiciones como Abstracción: el paradigma amerindio (IVAM, 2001). Actualmente vive y trabaja en Segovia, España.
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