Escuela francesa; primera mitad del siglo XX.
Sin título.
Óleo sobre tabla.
Presenta faltas en la superficie pictórica, localizadas en los bordes.
Posee firma ilegible.
Medidas: 28 x 24 cm.
Este retrato masculino, resuelto en un encuadre cercano y de intensa frontalidad psicológica, destaca por la sólida construcción volumétrica del rostro. La cabeza emerge con rotundidad sobre un fondo oscuro y neutro, modelada mediante transiciones de luz y sombra que acentúan pómulos y mandíbula. El tratamiento casi escultórico de la fisonomía revela una clara preocupación por el peso y la estructura, más allá del parecido físico.
En la primera mitad del siglo XX, tras la ruptura fauvista y cubista, muchos artistas retornaron a la figura con un lenguaje renovado: simplificación formal, contornos firmes y una modelación que, sin abandonar la tradición, incorporaba la lección estructural de Cézanne y la solidez sintética del cubismo.Aquí no hay fragmentación extrema, pero sí una clara conciencia de la forma como arquitectura. El rostro no se diluye en la pincelada, sino que se afirma con densidad casi pétrea. Esta tensión entre modernidad y tradición sitúa la obra en el contexto de una figuración francesa que, en el periodo de entreguerras, buscó equilibrio entre la experimentación formal y la permanencia del retrato como género esencial.
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