ANTONIO SAURA (Huesca, 1930 – Cuenca, 1998).
“Le nouvel observateur”, 1994.
Acrílico sobre papel.
Firmada y fechada (25/2, 25 de febrero) en el ángulo inferior derecho.
Adjunta libro “Nulla dies sine linea"., A.Saura. Edita- Patrick Cramer. Edición de 2000 ejemplares.
Obra publicada en “Nulla dies sine linea" y en el catálogo de la exposición "Red On Toys", p.216.
Obra exhibida en la exposición "Red On Toys", ubicada en la sala Sant Miquel de la Fundació Caixa de Castellón (Castellón).
Medidas: 41 x 31 cm; 71 x 61 cm (marco).
Esta obra de Antonio Saura se inscribe en la intensa y radical última etapa del artista, donde el gesto, la síntesis formal y la tensión expresiva alcanzan una depuración extrema. La obra reproducida en el libro Nulla dies sine línea (“Ningún día sin una línea”, que resume la ética de trabajo de Saura: la práctica constante del dibujo como necesidad vital.
Inspirada en la figura icónica de Mickey Mouse, la imagen se integra en la vasta galería de “retratos imaginarios” que Saura desarrolló a lo largo de su vida. Sin embargo, lejos de reproducir el personaje reconocible y amable de la cultura popular, el artista lo somete a una metamorfosis inquietante. El rostro se fragmenta en manchas negras y grises, los ojos se agrandan hasta volverse casi espectrales y el cuerpo se reduce a un esqueleto gestual. Saura llamaba “imaginarios” a estos retratos porque asumía la imposibilidad de capturar un rostro definitivo. En el caso de un icono tan reproducido como Mickey, esa imposibilidad se multiplica: es un retrato de un retrato de un retrato, una imagen atrapada en una infinita puesta en abismo. El resultado no es una caricatura, sino una reflexión sobre la identidad y su disolución.
De formación autodidacta, Antonio Saura se presenta en Madrid en 1952, y ese mismo año viaja por primera vez a París, donde participará de las actividades del grupo surrealista. Organiza su primera exposición en la capital gala en 1957, en la galería Stadler, el mismo año en que funda el grupo El Paso. En 1960 recibe el Premio Guggenheim en Nueva York, y en 1963 se le dedican las primeras retrospectivas, en el Stedelijk Museum de Eindhoven, el Rotterdamsche Kunstring y en los museos de Buenos Aires y Río de Janeiro (obras sobre papel). En 1966 participa en la Bienal de Grabado “Bianco e Nero” de Lugano, obteniendo el Gran Premio. Al año siguiente se afinca en París, y en 1968 abandona la pintura al óleo para dedicarse en exclusiva a la obra gráfica. En 1979 obtiene un premio en la Primera Bienal de grabado de Heidelberg, en 1981 es nombrado Caballero de la Orden de las Artes y de las Letras en Francia, y al año siguiente obtiene la Medalla de Oro de las Bellas Artes. Está representado en la Neue Nationalgalierie de Berlín, el Guggenheim de Bilbao, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, la Albright-Knox Art Gallery de Buffalo, el Guggenheim y el Metropolitan de Nueva York, el Centro Georges Pompidou de París y la Tate Gallery de Londres.
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