PETER COLFS (1906-1983).
“Personajes circenses”, 1976.
Óleo sobre lienzo.
Firmado y fechado en el ángulo superior izquierdo.
Medidas: 85 x 110,5 cm; 107 x 132 (marco).
Escenas y personajes circenses como los que ahora nos presenta Peter Colfs han sido recurrentes en el mundo del arte. Su importancia se debe a que condensan en un solo espacio movimiento, espectáculo, emoción y tensión humana, ofreciendo a los artistas un campo ideal para experimentar con la luz, el color y la representación del cuerpo en acción. Desde el siglo XIX, el circo se convirtió en símbolo de la modernidad urbana: un lugar popular, efímero y vibrante que atrajo a pintores como Degas, Toulouse-Lautrec, Seurat o Picasso, interesados tanto en el dinamismo de acróbatas y jinetes como en el contraste entre la alegría del espectáculo y la fragilidad de quienes lo protagonizan.
Peter Colfs fue un destacado pintor y académico belga, formado en la Real Academia de Bellas Artes de su ciudad natal, donde más tarde ejercería como profesor. Galardonado con prestigiosos reconocimientos como el Premio Godecharle y el Premio de Roma belga en la década de 1930, Colfs consolidó una carrera polifacética que abarcó desde el retrato y la naturaleza muerta hasta paisajes urbanos y composiciones alegóricas de corte neoexpresionista. Su obra alcanzó proyección internacional gracias a encargos monumentales, siendo el más célebre el diseño del tapiz "El triunfo de la paz", obsequiado por el gobierno de Bélgica a las Naciones Unidas en 1954 para su sede en Nueva York. Además, su vínculo con el espíritu de su época le llevó a participar en las competiciones de arte de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1932.
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