FELIPE BELLO PIÑEIRO (Seixo, Galicia, 1886 – 1952).
"Paisaje boscoso”.
Óleo sobre lienzo.
Firmado en el ángulo inferior izquierdo.
Medidas: 78 x 93 cm; 95 x 109,5 cm (marco).
La pintura de Felipe Bello Piñeiro se caracteriza por un naturalismo delicado y una especial sensibilidad hacia el paisaje, particularmente el gallego, del que fue uno de sus intérpretes más destacados. Su obra muestra una clara influencia del impresionismo y del luminismo, visible en su interés por captar las variaciones atmosféricas, la luz cambiante y la riqueza cromática de la naturaleza, especialmente en marinas, rías, puertos y escenas rurales. Utilizó una pincelada suelta pero controlada y una paleta armónica, con predominio de tonos suaves y matizados, logrando composiciones equilibradas que transmiten serenidad y un profundo vínculo con el entorno.
Formado en la Escuela de Artes y Oficios de Ferrol junto a los pintores Eduardo de la Vega y Vicente Díaz, Felipe Bello se trasladó a Madrid para continuar su formación en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. Será en la capital donde Bello se comience a codear con ilustres e importantes personalidades gallegas de enorme interés plástico e intelectual, como el nacionalista gallego Rodríguez Castelao, el escultor Asorey González, la escritora Emilia Pardo Bazán o el arquitecto Antonio Palacio. Será en la capital donde realice su primera exposición de pintura gallega, para mostrar por primera vez su obra de manera individual en el año 1913. En el año 1917 se traslada definitivamente a su Seixo natal, especializándose en el tema del paisaje, capturando las zonas gallegas de América del Sur, determinadas por la atmósfera eminentemente modernista. Tal será su admiración por el paisaje, que el artista gallego se convertirá en presidente de la Sociedad de Amigos del Paisaje de Galicia. Bello Piñero trabaja su pintura de forma ambiciosa e interesante, por un lado, sus paisajes reflejan estilizaciones altamente idealizadas, mientras que sus retratos psicológicos nos muestran personajes preocupados, con enorme carga expresiva. La trayectoria pictórica de Bello Piñeiro incluso deja su hueco a la experimentación, trayendo elementos que van desde el ejercicio geométrico hasta la multiplicación de la misma imagen, como si frente a un caleidoscopio nos encontráramos.
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