JOSÉ GURVICH (Jieznas, Lituania, 1927- Nueva York, 1974).
“Tres composiciones constructivistas”, c. 1957.
Acuarela, lápiz y tinta sobre papel.
Obra reproducida en el catálogo J. Gurvich, p. 26.
Adjunta certificado expedido por Martín Gurvich, hijo del artista.
Presenta etiquetas de la Galería Hutchinson Modern & Contemporary, Nueva York y de la Galería Guillermo de Osma, Madrid.
Firmado con sello de sucesión del artista.
Medidas: 15,5 x 22,5 cm; 35 x 42 cm (marco).
Esta obra corresponde a la etapa de madurez de Gurvich dentro del legado del constructivismo latinoamericano, desarrollado a partir de las enseñanzas de Joaquín Torres-García. En este momento, su lenguaje plástico alcanza una mayor autonomía, consolidando una síntesis entre estructura, ritmo y simbolismo.
Las tres composiciones funcionan como variaciones de un mismo principio constructivo, donde la geometría organiza el espacio con precisión y equilibrio. La repetición y la modulación de formas generan una sensación de orden dinámico, en la que cada elemento mantiene su independencia sin romper la unidad del conjunto.
Figura esencial del Taller Torres García y del arte uruguayo del siglo XX, José Gurvich fue pintor, muralista y ceramista, y desarrolló un lenguaje profundamente arraigado en los principios del Universalismo Constructivo. Integró la Asociación de Arte Constructivo desde sus inicios y fue uno de sus miembros más activos hasta su disolución, convirtiéndose en el discípulo más cercano de Joaquín Torres García, cuya influencia marcó de manera decisiva su obra de ese período.
A partir de mediados de la década de 1950 emprendió diversos viajes por Europa, donde entró en contacto directo con los grandes maestros de la pintura y presentó su trabajo en ciudades como Roma, donde expuso en 1955. Ese mismo año se produjo un giro fundamental en su trayectoria, motivado por el reencuentro con sus raíces judías durante su estancia en el kibutz Ramot Menasche, en Israel, donde residía su hermana. Esta experiencia introdujo nuevas dimensiones simbólicas y culturales en su obra.
En 1966 regresó definitivamente a Montevideo, donde continuó su intensa labor en cerámica y consolidó un estilo cada vez más personal. Un año después presentó más de doscientas obras en la Comisión Nacional de Bellas Artes, y en 1973 expuso en el Jewish Museum de Nueva York. Tras su fallecimiento, su obra ha sido objeto de numerosas exposiciones individuales en importantes museos y galerías internacionales, confirmando su lugar central dentro del arte latinoamericano contemporáneo.
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