Escuela mejicana; siglo XIX.
“Emblema de Méjico”.
Plumas y tinta sobre papel.
Medidas: 27 x 34 cm.
La imagen presenta una poderosa ave rapaz de alas desplegadas que sostiene una serpiente en el pico y las garras, clara evocación del escudo nacional mexicano inspirado en la leyenda fundacional de México-Tenochtitlan. Debajo de ella aparece un elaborado conjunto de plumas multicolores y ramas de laurel que refuerzan el carácter alegórico de la composición. La disposición simétrica y monumental de los elementos transforma la escena en una representación emblemática de la nación, donde naturaleza, historia y memoria se integran en un mismo discurso visual.
La técnica utilizada remite a la antigua tradición de los amantecas, maestros artesanos especializados en el trabajo de las plumas durante la época prehispánica. Entre los pueblos mesoamericanos, las plumas de aves tropicales constituían materiales de enorme prestigio, asociados al poder político, la divinidad y el mundo celestial. Tras la conquista, esta práctica se fusionó con modelos artísticos europeos, dando origen a una producción singular que alcanzó gran reconocimiento en la Nueva España.
Durante el siglo XIX, la plumería experimentó una renovación vinculada al surgimiento de la identidad nacional mexicana. Los artistas retomaron símbolos patrios, escenas costumbristas y representaciones de la flora y fauna local para crear obras destinadas tanto al coleccionismo como al mercado de viajeros extranjeros fascinados por el exotismo y la diversidad del país. En este contexto, el águila y la serpiente adquirieron una importancia especial como emblemas de soberanía e independencia.
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