CARLOS ARRIAGA (Madrid, 1958).
“Calma”, 2026.
Óleo, lápiz, grisalla de fotografía en blanco y negro y resina transparente sobre lienzo.
Firmado y fechado en el ángulo inferior izquierdo. Titulado y fechado al dorso.
Medidas: 102 x 150 cm.
A través de su cámara, Arriaga, captura paisajes urbanos que posteriormente transforma minuciosamente en el estudio, construyendo escenarios imposibles y ciudades imaginadas. Sus composiciones recuerdan al trabajo de un urbanista visionario: una megápolis perfecta, suspendida entre la realidad y el sueño. Las obras de Carlos Arriaga nos invitan así a recorrer un Madrid reinventado, poético y atemporal; una ciudad que no pertenece del todo a nuestra dimensión. Desde una perspectiva aérea y casi divina, el artista nos ofrece la experiencia fugaz de contemplar la capital desde el cielo. En sus paisajes conviven opuestos fascinantes: naturaleza y arquitectura, caos y armonía, apocalipsis y renacimiento. Sin sol ni luna, sin referencias temporales, sus ciudades parecen existir en un instante eterno.
Carlos Arriaga, fotógrafo profesional y pintor, forjó gran parte de su trayectoria artística en Nueva York, ciudad donde estudió fotografía, cinematografía, dibujo y pintura en el prestigioso Arts Students League. Más adelante, continuó su formación en Madrid, en la Fundación Arauco, bajo la dirección del reconocido maestro Guillermo Muñoz Vera.
Desde 1980 desarrolla una sólida carrera como fotógrafo profesional, colaborando con destacadas agencias de publicidad y con algunas de las revistas de moda y publicaciones generalistas más influyentes del panorama nacional. Paralelamente, su obra pictórica ha sido exhibida en importantes espacios y ferias internacionales, como Affordable Art Fair de Bruselas (2014 y 2019), así como en la Galería Cartel de Málaga y la Galería Pepe Pisa de Madrid, entre otras. Su talento ha sido reconocido con diversos galardones, entre ellos el XIV Concurso de Artes Plásticas Carlos de Haes (Madrid, 1996), el CXIX Salón de Otoño (Madrid, 2002) y el XXV Premio BMW de Pintura (Madrid, 2010).
En 2015 su carrera da un giro decisivo: comienza a experimentar con una técnica única que fusiona óleo y fotografía en blanco y negro, convirtiéndose en su sello artístico más distintivo. Inspirada en la grisalla, la antigua técnica monocroma utilizada por los maestros flamencos medievales para recrear el efecto de bajorrelieve, Arriaga reinterpreta este lenguaje clásico desde una mirada profundamente contemporánea.
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