Salvador Dalí
“Cristo de San Juan de la Cruz”, 1974. Ampliación a partir de un modelo reducido (31 cm), cera original de Salvador Dalí.
Bronce patinado, ejemplar 3/8.
Edición de 8 ejemplares numerados 1/8 a 8/8 más 4 pruebas de artista inscritas y numeradas I/IV AP a IV/IV AP.
Firma "Dali", nº. "3/8".
Sello de la fundición Bonvicini "FONDERIE A / F.LLI BON / SOMMACAMPA / ITALIA" en la parte trasera de la pantorrilla de la pierna derecha, editor 2049.
Referencia de archivo: 396.
Adjunta certificado emitido por Archives Descharnes.
Medidas: 308 x 120 x 122 cm.
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DESCRIPCIÓN
SALVADOR DALÍ I DOMÈNECH (Figueras, Gerona, 1904 – 1989).
“Cristo de San Juan de la Cruz”, 1974. Ampliación a partir de un modelo reducido (31 cm), cera original de Salvador Dalí.
Bronce patinado, ejemplar 3/8.
Edición de 8 ejemplares numerados 1/8 a 8/8 más 4 pruebas de artista inscritas y numeradas I/IV AP a IV/IV AP.
Firma "Dali", nº. "3/8".
Sello de la fundición Bonvicini "FONDERIE A / F.LLI BON / SOMMACAMPA / ITALIA" en la parte trasera de la pantorrilla de la pierna derecha, editor 2049.
Referencia de archivo: 396.
Adjunta certificado emitido por Archives Descharnes.
Medidas: 308 x 120 x 122 cm.
El Cristo de San Juan de la Cruz de Dalí se erige como una de las manifestaciones más monumentales, ambiciosas y significativas de su iconografía, no solo por su escala excepcional -extraordinariamente rara en este tipo de representaciones- sino por la profundidad conceptual, espiritual e histórica que encierra: el propio artista afirmó “Haré lo mejor que pueda porque es Dios”, subrayando la dimensión sagrada del proyecto; tanto la pintura de 1951 como la escultura de 1974 se inspiran en un dibujo de San Juan de la Cruz, quien, según la tradición, tuvo esta visión durante un éxtasis místico, imagen que llegó a Dalí gracias al padre Bruno Froissart, quien la fotografió en el monasterio de Ávila y se la mostró, provocando una inmediata reinterpretación que daría lugar a su célebre pintura hoy en el Museo de Glasgow; a partir de esta, Dalí desarrolla una escultura donde Cristo aparece suspendido, sin cruz, libre de toda fijación física porque, como defendía el artista, Dios está en todas partes, siendo sostenido únicamente por un enorme clavo cuya punta se incrusta en una pirámide de piedras del Gólgota, desgastadas por los peregrinos, mientras el clavo se fija a un trébol -símbolo de la Santísima Trinidad-, condensando así martirio, muerte y trascendencia en un lenguaje profundamente simbólico; esta ausencia de la cruz tradicional y su sustitución por elementos cargados de significado refuerzan una visión cósmica y mística de Cristo, alejada del sufrimiento físico y centrada en lo divino y universal, convirtiendo la obra en una creación intensamente personal, una de las más elaboradas y reconocidas internacionalmente del artista, y cuya monumentalidad la sitúa como una pieza excepcional y casi única dentro de su producción.
Esta obra, además, adquiere un valor añadido por su exclusividad, ya que pertenece a una edición limitada de 8 ejemplares numerados del 1/8 al 8/8, a los que se suman 4 pruebas de artista inscritas y numeradas de I/IV AP a IV/IV AP, lo que refuerza su carácter único y excepcional dentro de la producción daliniana.
A través de editores como Bonvicini, Dalí pudo ampliar enormemente el alcance de su obra más allá de la pintura única, llegando a un público internacional mediante grabados, litografías y esculturas seriadas, lo que contribuyó a consolidar su presencia en el mercado del arte global. Además, estas colaboraciones facilitaron la materialización de muchas de sus ideas en formatos accesibles y coleccionables, reforzando su imagen como artista prolífico y versátil; aunque esta etapa también ha sido objeto de debate crítico por la abundancia de ediciones, lo cierto es que editores como Bonvicini fueron fundamentales para convertir a Dalí en una figura ampliamente distribuida y reconocida en el mercado internacional del arte.
Asimismo cabe destacar cómo Velázquez es importante en el “Cristo de San Juan de la Cruz” de Dalí porque actúa como referente clave en la manera de reinterpretar la tradición clásica española, especialmente en la representación de Cristo. Dalí conocía profundamente el Cristo crucificado de Velázquez (1632), una obra sobria, equilibrada y de gran dignidad, donde el cuerpo aparece idealizado y sereno, sin excesos dramáticos; esta concepción influye directamente en Dalí, que también elimina el sufrimiento explícito (sangre, gestos de dolor) para presentar un Cristo bello, armónico y trascendente. Sin embargo, Dalí va más allá: toma esa base clásica velazqueña y la transforma radicalmente mediante una perspectiva imposible desde arriba y una concepción cósmica, convirtiendo la figura en un símbolo universal más que en una escena narrativa. Así, Velázquez representa el punto de partida -la tradición, la pureza formal y la espiritualidad contenida- que Dalí reinterpreta para crear una imagen moderna, donde se fusionan clasicismo, misticismo y una nueva visión del espacio y lo divino.
Salvador Dalí fue una de las figuras más influyentes y reconocibles del arte del siglo XX, cuya importancia radica en haber llevado el surrealismo a una dimensión universal, tanto artística como cultural. Nacido en Figueres, destacó desde joven por su talento y personalidad provocadora, y tras integrarse en el círculo surrealista de París en los años 20, revolucionó el movimiento con su método paranoico-crítico, una forma de explorar el subconsciente que dio lugar a imágenes tan icónicas como La persistencia de la memoria. Dalí no solo transformó el lenguaje visual del arte, sino que amplió sus límites al integrar disciplinas como el cine, la literatura, el diseño o la publicidad, convirtiéndose en un precursor del artista mediático contemporáneo. A lo largo de su carrera, evolucionó hacia una etapa mística en la que fusionó ciencia, religión y clasicismo, demostrando una capacidad única para reinventarse sin perder identidad. Su impacto no se limita a sus obras, sino también a su capacidad para construir un imaginario visual inconfundible y popularizar el arte a escala global, convirtiéndose en un símbolo del genio artístico moderno y en una referencia imprescindible para entender el arte contemporáneo.
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