Maestro filipino, posiblemente Félix Resurrección Hidalgo, c. 1870.
“Escena cotidiana de Filipinas”.
Óleo sobre lienzo.
Con inscripciones al dorso.
Procedencia: Julián González Parrado (1841 – 1916), gobernador militar y político de Mindanao, 1880 -1890. Autor de varios ensayos militares sobre filipinas y mencionando al propio Félix resurrección hidalgo. Hipólito González Parrado De Llano, Hipólito González Parrado y De Velasco, Maria Luz González Parrado y De Velasco, subasta Ansorena, c. 2010. Colección Martín Abad, hasta la actualidad.
Presenta inscripciones. “González Parrado, calle Goya 20.
- Sr. D. Ramón de Andrada, Casona Blanca, San Lorenzo del Escorial, Marques consorte del Llano, por matrimonio con María de la Luz González Parrado y Velasco, nieta del primer propietario del cuadro, el general de Filipinas Julián González Parrado.
Medidas: 50 x 91 cm; 69 x 109 cm (marco).
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Procesando el loteHISTORIAL DE PUJAS
DESCRIPCIÓN
Maestro filipino, posiblemente FÉLIX RESURRECIÓN HIDALGO; c. 1870.
“Escena cotidiana de Filipinas”.
Óleo sobre lienzo.
Con inscripciones al dorso.
Procedencia: Julián González Parrado (1841 – 1916), gobernador militar y político de Mindanao, 1880 -1890. Autor de varios ensayos militares sobre filipina. Hipólito González Parrado De Llano (VII Marqués de Llano), Hipólito González Parrado y De Velasco (VIII Marqués de Llano), Maria Luz González Parrado y De Velasco (IX Marquesa de Llano, subasta Ansorena, c. 2010. Colección Martín Abad, hasta la actualidad.
Presenta inscripciones. “González Parrado, calle Goya 20.
- Sr. D. Ramón de Andrada, Casona Blanca, San Lorenzo del Escorial, Marqués consorte del Llano, por matrimonio con María de la Luz González Parrado y Velasco, nieta del primer propietario del cuadro, el general de Filipinas Julián González Parrado.
Medidas: 50 x 91 cm; 69 x 109 cm (marco).
Esta escena costumbrista ofrece una mirada íntima a la vida cotidiana filipina durante la segunda mitad del siglo XIX. Lejos de los grandes temas históricos y alegóricos que marcarían la madurez del artista, la obra se centra en un patio doméstico animado principalmente por mujeres filipinas, acompañadas por niños y animales de corral, captados en un instante de tranquila actividad cotidiana. En primer término destacan varios gallos de pelea, elemento característico de las costumbres y tradiciones populares filipinas, cuya presencia aporta autenticidad etnográfica a la composición y subraya el interés del artista por la observación directa de la realidad local. Este acercamiento a las costumbres del archipiélago revela una temprana sensibilidad hacia la representación de la vida filipina, temática que acompañó a Hidalgo a lo largo de toda su trayectoria.
La composición destaca por el tratamiento atmosférico de la luz y por una pincelada ágil y vibrante, características que anticipan algunas de las cualidades más apreciadas de la pintura de Félix Resurrección Hidalgo. Las figuras aparecen integradas en el ambiente mediante suaves transiciones tonales, mientras que los contrastes entre las zonas de sombra y los espacios iluminados generan profundidad y dinamismo. Especialmente significativa resulta la joven situada en el sector izquierdo, junto al fuego, cuya presencia recuerda a la figura protagonista de la conocida Vendedora de lanzones, actualmente conservada en el Museo Nacional del Prado. En ambas obras puede apreciarse una notable capacidad para dignificar escenas humildes mediante una representación serena y naturalista de sus personajes, alejándose de cualquier exotismo anecdótico. La obra refleja asimismo el interés del pintor por los efectos lumínicos, las arquitecturas vernáculas y las escenas de género, elementos que constituyen una vertiente menos conocida pero esencial dentro de la trayectoria del artista filipino.
Félix Resurrección Hidalgo y Padilla fue una de las figuras más destacadas de la pintura filipina de finales del siglo XIX. Formado inicialmente en Filosofía en la Universidad de Santo Tomás, compaginó sus estudios con la enseñanza artística en la Escuela de Dibujo y Pintura de Manila. Tras sus primeras exposiciones en Filipinas, se trasladó a España en 1879 con una beca del Ayuntamiento de Manila para completar su formación. Su consagración llegó en 1884 al obtener la medalla de plata en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid, un éxito que, junto al triunfo de Juan Luna, tuvo una gran repercusión entre los intelectuales reformistas filipinos. Posteriormente recibió numerosos reconocimientos y expuso en importantes certámenes internacionales en Europa y Estados Unidos. Tras una breve visita a Filipinas en 1912, regresó a Europa y falleció en Sarrià (Barcelona) en 1913.
Aunque la obra no se encuentra firmada, esta circunstancia resulta habitual en bocetos, estudios preparatorios y composiciones de carácter inmediato realizados por el artista. Como elemento de interés adicional, el soporte conserva diversas huellas dactilares visibles en el perímetro exterior, probablemente producidas durante el proceso de ejecución y manipulación de la pintura. Estos rastros materiales constituyen un valioso testimonio de la técnica de trabajo del autor y refuerzan el carácter espontáneo y de estudio que presenta la obra.
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