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DESCRIPCION

Escuela alemana del siglo XV.
“San Roque peregrino”.
Madera de roble tallada.
Medidas: 80 x 35 x 22 cm.
Imagen devocional germánica perteneciente al periodo gótico, tallada en madera de roble, representando a San Roque. El santo aparece como lo suele representar el arte, con atuendo y vara de peregrino, alzándose el bajo del hábito para mostrar las marcas de la peste sobre su muslo. El santo queda acompañado por su perro –y principal atributo iconográfico– que incluso llegó a ser santificado. Sin embargo, en esta ocasión, además del perro lo acompaña otro santo representado en menor tamaño para no restar protagonismo a Roque, probablemente un arcángel protector.
Con la llegada del gótico se produce un sustancial cambio estético en toda Europa, tanto en la arquitectura como en la pintura y la escultura. El hieratismo simbólico y atemporal del románico deja paso a un afán de realidad y de sentido narrativo que hunde sus raíces en la escultura clásica y fuerza a los artistas a tomar como modelo a la naturaleza. Los escultores góticos pretenden, por tanto, representar el mundo visible tal y como es. De este modo se trata de humanizar los gestos y actitudes de los personajes, que adquieren individualidad. Se dejan atrás las convenciones estéticas –como los grandes ojos destacados sobre el resto de la cara, que simbolizaban el alma del personaje– y se busca una representación naturalista de rostros, anatomías, indumentaria, etc. Siguiendo esta nueva línea estética las figuras abandonan sus posturas verticales, simétricas y hieráticas para adoptar otras cada vez más expresivas y gestuales, con un mayor realismo en el movimiento. A la vez, se busca representar las emociones de los personajes, mediante elocuentes gestos del rostro y las manos. El gótico sufre una evolución, desde el clasicismo del siglo XIII, donde se busca la serena belleza del naturalismo idealizado, hasta un cierto manierismo de las formas que se advierte en la estilización y alargamiento de las figuras, ya en el siglo XIV.
Por su datación, en el siglo XV, podemos enmarcar esta talla dentro del gótico maduro. Superado ya el protogótico, en este momento se hacen más patentes los cambios en la mentalidad estética. Ya quedan más atrás los gestos y representaciones simbólicas y convencionales y los artistas, aún anónimos, tienen como principal meta la representación naturalista de los personajes y objetos pero, sobre todo, de las expresiones y los gestos. En Alemania, el gótico apareció hacia el año 1220 y su escultura quedó subordinada a las fachadas. En las esculturas góticas primó el naturalismo, patente en esta obra, quizás por su herencia carolingia, llegada a tierras germanas por su vinculación con el Imperio bizantino. Los artistas alemanes formularon un realismo no siempre fiel a la realidad anatómica, si bien tremendamente dramático en sus cuerpos, con elaborados pliegues de vestimentas.
San Roque es un santo del siglo XIV cuyas biografías, francesas o italianas, de carácter legendario, se remontan a finales del siglo XV. De hecho, puede decirse que es más conocido por la devoción popular que por la historia de su vida. Nació en Montpellier hacia 1350, quedando huérfano a muy temprana edad. Cuando murieron sus padres repartió la fortuna familiar entre los pobres y los hospitales, vistió hábito de peregrino y en 1367 se dirigió a Roma, donde permaneció tres años, hasta 1371. Al llegar a Acquapendente, en los Apeninos, encontró una ciudad devastada por la peste; se quedó, y se dedicó a asistir y animar a los enfermos, curándolos. Al regresar de su peregrinación, en Plasencia sintió los primeros síntomas de la enfermedad, por lo que se retiró a un bosque para morir en soledad y no contagiar a nadie. Según la leyenda, un perro lo alimentaba llevándole pan todos los días, y un ángel lo curaba. Restablecido, partió hacia Montpellier y allí nadie pudo reconocerlo, ni siquiera su tío. Fue denunciado como espía y encarcelado, y un día su carcelero lo halló muerto. En realidad habría muerto en Lombardía, hacia 1379. Esta leyenda es copiada en parte de la de San Alejo, quien regresó de los Santos Lugares para morir en Roma como mendigo anónimo, bajo la escalera de la casa paterna.

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