Lote: 35041451
Valor estimado: 7000-8000 €


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DESCRIPCION

PERE PRUNA OCERANS (Barcelona, 1904 – 1977).
“Retrato”, 1924.
Óleo sobre lienzo.
Firmado y fechado en el ángulo inferior derecho.
Medidas: 92 x 73 cm; 118 x 100 cm (marco).
Estamos ante una pintura singular por varios motivos: por un lado, se trata de una obra única dentro de la producción más conocida de Pere Pruna, por otra, pertenece a una etapa, la parisina, en la que Pruna fue introducido en el ambiente más vanguardista de la capital francesa de la mano de su admirado Pablo Picasso. En 1920 Pruna llegó a París y allí conoció a Picasso gracias a una carta de recomendación de Sebastián Sunyer; bajo la protección del maestro malagueño, el joven pintor desarrolló la etapa más estimulante de su carrera. La influencia del malagueño es notable en este retrato, en el que se aprecia el legado intimista de su etapa azul, pero asimilando también la preocupación coetánea de Picasso por lo que la crítica bautizaría como "periodo neoclásico", un clasicismo de raíz mediterránea. Ciertamente, la depuración formal a la que había llegado el maestro andaluz tras dejar atrás su investigación cubista, es transmitida a su discípulo, Pruna, de modo innegable, como vemos en el sutil trazo que con un dibujo mínimo expresa el repliegue de la figura en sí misma. El rostro parece tallado en madera, de rasgos duros y que sin embargo tanto comunican en su silencio. En aquella fructífera época parisina, que significaría en la carrera de Pruna un punto de inflexión, el artista realizaba arlequines inspirados directamente en los de Picasso. Aquí la inspiración es menos directa y en cambio es más profunda, casi como si el pincel del mentor hubiera dejado también su huella en un retrato imbuido de misterio.
Artista principalmente autodidacta, Pere Pruna completó su formación en la Escuela de Bellas Artes de Barcelona. Tras empezar a exponer en la ciudad condal siendo aún muy joven, viajó a París en 1920, donde fue ayudado y orientado por Picasso. En la capital francesa realizó una exitosa muestra personal en la Galerie Percier, y entró en contacto con intelectuales como Cocteau, Drieu la Rochelle, Max Jacob y otros, con los que fundó la revista “Philosophie” en 1924. Serge Diaghilev, quien visitó una de sus exposiciones, le propuso además realizar los decorados y figurines del ballet “Les matelots”, en 1925. Desde entonces trabajó asimismo en otras obras musicales, como “La vie de Polichinele” (1934) y “Oriane” (1938), entre otras. En 1928 obtuvo el segundo premio absoluto de la exposición del Carnegie Institute de Pittsburg y posteriormente, de vuela a Barcelona, obtuvo otros galardones como el del concurso “Montserrat visto por los artistas catalanes” (1931) o el Premio Nonell (1936). Este último estuvo rodeado de polémica, porque Pruna lo obtuvo por su óleo “El vi de Chios”, para el cual utilizó como modelo una fotografía publicada en una revista pornográfica parisina. Ante el revuelo causado, Pruna renunció al premio, pero el jurado se ratificó en su decisión. A raíz del estallido de la Guerra Civil, Pruna se instala en París y continúa con su actividad expositiva internacional, destacando su muestra organizada en Londres en 1937. En paralelo trabaja para los servicios de propaganda de Ridruejo, con obras como el cartel conmemorativo de la promulgación del Fueron del Trabajo, y Eugenio d’Ors, Jefe Nacional de Bellas Artes, le introduce en la representación española de la Bienal de Venecia de 1938. Tras la contienda compaginó las exposiciones de pintura de caballete con la pintura mural, género en el que fueron especialmente celebrados sus trabajos en el monasterio de Montserrat. En 1965 ganó el premio Ciudad de Barcelona, y tres años después fue nombrado académico del Far de Sant Cristòfor. Su estilo, centrado en una figura femenina grácil y estilizada, parte de la clara delicadeza del Picasso rosa y “neoclásico”, y revela un cierto paralelismo con el Novencento italiano, enmarcándose de pleno en la corriente clasicista aparecida en el arte occidental tras la primera oleada vanguardista, y de la cual su amigo Cocteau fue impulsor. Pruna se centró en el retrato y sobre todo en la figura femenina, plasmando imágenes marcadas por una gran delicadeza y una sobria distinción. Sus representaciones se caracterizan por una línea estilizada y diáfana, y sintonizan con la vuelta al orden posterior a la ruptura que supuso el cubismo en Francia, enlazando así directamente con las vanguardias. Pere Pruna está actualmente representado en el Museo de Montserrat, donde existe un espacio con su nombre, el MACBA de Barcelona y el Museo Maricel de Sitges, entre otros.

OBSERVACIONES

Esta obra fue vendida en los años 90 en la galería Barbié de Barcelona por 6 millones de pesetas.

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